1. Recepción del aviso
Llega por correo, por teléfono o en la recorrida semanal por el barrio. Anotamos dirección, tipo de intervención y quién lo reporta. Si es una obra pública, pedimos el número de expediente comunal.
2. Verificación en terreno
Visitamos el frente, medimos retiros, fotografiamos cornisas y carpinterías. Comparamos el estado actual con el catálogo de corredores arquitectónicos que mantenemos actualizado cuadra por cuadra.
3. Cruce documental
Revisamos planos, permisos de demolición y actas de la comuna. Cuando hay desacuerdo entre lo declarado y lo que muestra la fachada, lo dejamos asentado en el texto y citamos la fuente.
4. Consulta a vecinos y comerciantes
Hablamos con quienes viven o trabajan en la cuadra. Su testimonio suele explicar lo que el expediente no dice: desvíos de tránsito, ruido de obra, cambios en la circulación peatonal.
5. Redacción y edición
Escribimos con lenguaje llano, sin jerga técnica innecesaria. Cada nota lleva contexto histórico del edificio o del tramo afectado, y separa lo confirmado de lo que aún está en trámite.
6. Publicación y seguimiento
La nota se publica con imágenes propias y se actualiza si la obra avanza o cambia de estado. Los avisos posteriores de los vecinos alimentan la siguiente recorrida.